YO TAMBIÉN HELADO

Helado de plátano y aguacate
Bolitas de helado que son de un bocado

En la vida de todo apasionado por algo, y yo lo soy de la comida, existen momentos que son hitos memorables. La primera final ganada, el primer poema publicado, el primer calabacín de la primera mata, el primer helado casero. En mi caso fue el verano pasado, ¿helado en casa? ¿sin heladera? ¿cómo me va a salir? Me salió a la primera y por eso creo que a todos puede funcionaros, sobre todo con la receta que os ofrezco más abajo.

Últimamente, no sé si debido a esta ola de calor que en Andalucía llamamos simplemente verano, hay en Internet numerosos blogs y páginas de recetas que hacen referencia a uno de esos alimentos que nos acompañan durante todas las fases de nuestra vida (excepto el nacimiento, hasta ahora): la niñez, adolescencia, juventud, madurez y vejez, en esa línea de la vida tan opaca y reduccionista. Como el pan. Y al igual que éste, los helados que podemos encontrar en los supermercados, incluso en las heladerías, o son muy caros, o dejan mucho que desear, o contienen una cantidad abusiva de productos para hacerlos siempre más cremosos, menos cristalizados, con más aroma. Creedme si escribo que hay helados de frutas que no contienen ni un gramo de fruta. Por otra parte, en cada ciudad suele haber al menos un par de heladerías artesanas que hacen las cosas bien.

Además, y aunque la receta que enseguida os dejo no es nada difícil de seguir, parece una cuestión psicológica el hecho de que elaborar tus propios helados en casa hará que comas menos, lo que es bueno para tu peso (si es que lo estás controlando) y tu salud que, la estés cuidando o no, debería importarte. Por un lado porque es más engorroso y al fin y al cabo tienes que preparar, cocinar y después limpiar. Te cuesta y por tanto, dicen los psicólogos, lo valoras más. Por otro lado porque lo comes más cuando te apetece: acabas viéndolo como un lujo refrescante.

¡Y ahora la receta!

Helado de aguacate y plátano (de Pierre Hermé). Cantidades para un litro. Es bastante energético pero de rotundo sabor, por lo que sacia pronto pero satisface. Se hace mediante la técnica más fácil que conozco, pero no es la única.

Ingr.: un aguacate maduro (pero firme y bien verde); dos plátanos; una lata de leche condensada (450g); 100g nata montada por ti mismo (jeje, la mitad de un brick típico); tres puñados de almendras peladas crudas.

Para montar la nata hace falta que esté fría; si es necesario, métela unos minutos antes en el congelador.

Pela los plátanos y el aguacate y pásalos por un pasapurés, o bien en un bol machácalos con un tenedor hasta dejar un puré más o menos fino (¿a quién no le gusta encontrarse trozos en su helado?).

Machaca las almendras con un mortero o mételas en un trapo de cocina, haz un atadillo y golpea con el culo de una botella de vidrio con la fuerza suficiente para trocearlas groseramente sin cargarte nada.

Mezcla la leche condensada, el puré, la nata montada (ésta suavemente y en movimientos envolventes) y finalmente las almendras. Mételo a congelar como mínimo 12 horas.

¡Yo también helado!

Helado de plátanao y  aguacate
Helado de plátanao y aguacate
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